Se despertó gracias (o por desgracia) al dolor de espalda, se había quedado dormido sobre los apuntes, de hecho podía verse la prueba de ello en forma de mancha húmeda de baba en uno de los resúmenes.
Se desperezó, e intentó recordar lo que le había hecho llegar hasta ahí. ¡Ah, sí! su familia unos años antes le inculcó que el esfuerzo y el estudio constituirían una base sólida para un futuro estable, o al menos para un trabajo estable.
Ahora miraba esa enseñanza con cierta suficiencia teñida de tristeza. Sentía un vacío profundo, ese que te dejan las cosas que no haces o las que haces sin querer hacerlas.
Con 18 años decidió continuar con sus estudios, "¿Qué hago?" Era su pensamiento de entonces, "¿A qué quiero dedicar el resto de mi vida? ¿médico o abogado? ¿matemático o maestro? ¿filólogo o periodista?" y tomó una decisión... una que le acompañará allá donde vaya, porque no tuvo el valor, porque no se dio cuenta hasta que ya era tarde, porque con 18 años no puedes tomar ESE tipo de decisiones que marcarán toda tu vida, tanto si acabas trabajando de lo tuyo como si no.
No es que no le gustara lo que estudiaba, que sí que lo hacía, pero no veía una salida profesional que le satisficiera del todo, algo en lo que trabajar el resssssssto de su vida... NO. Él quería hacerlo todo, probarlo todo. Si solo tenemos una vida... él quería aprovecharla.
Viajar, conocer otras culturas, conocer el mundo, conocer el derecho penal, conocer la cura del cáncer, conocer la resolución de una ecuación, conocer la mente humana y ayudarla en su desarrollo, conocer idiomas, conocer la situación política (y entenderla)... a estas alturas y él lo que tenía era ¡ansia de conocimientos!
Tras esta revelación... miró el reloj... "Aún me quedan unas 5 horas de estudio", cogió un café y siguió a lo suyo.
Se desperezó, e intentó recordar lo que le había hecho llegar hasta ahí. ¡Ah, sí! su familia unos años antes le inculcó que el esfuerzo y el estudio constituirían una base sólida para un futuro estable, o al menos para un trabajo estable.
Ahora miraba esa enseñanza con cierta suficiencia teñida de tristeza. Sentía un vacío profundo, ese que te dejan las cosas que no haces o las que haces sin querer hacerlas.
Con 18 años decidió continuar con sus estudios, "¿Qué hago?" Era su pensamiento de entonces, "¿A qué quiero dedicar el resto de mi vida? ¿médico o abogado? ¿matemático o maestro? ¿filólogo o periodista?" y tomó una decisión... una que le acompañará allá donde vaya, porque no tuvo el valor, porque no se dio cuenta hasta que ya era tarde, porque con 18 años no puedes tomar ESE tipo de decisiones que marcarán toda tu vida, tanto si acabas trabajando de lo tuyo como si no.
No es que no le gustara lo que estudiaba, que sí que lo hacía, pero no veía una salida profesional que le satisficiera del todo, algo en lo que trabajar el resssssssto de su vida... NO. Él quería hacerlo todo, probarlo todo. Si solo tenemos una vida... él quería aprovecharla.
Viajar, conocer otras culturas, conocer el mundo, conocer el derecho penal, conocer la cura del cáncer, conocer la resolución de una ecuación, conocer la mente humana y ayudarla en su desarrollo, conocer idiomas, conocer la situación política (y entenderla)... a estas alturas y él lo que tenía era ¡ansia de conocimientos!
Tras esta revelación... miró el reloj... "Aún me quedan unas 5 horas de estudio", cogió un café y siguió a lo suyo.
Me gusta mucho esta entrada, toca prácticamente el tema principal de de cada joven que se ve obligado a tomar decisiones precipitadas y a apencar con ellas, muchas veces en contra de su voluntad y encima, teniendo q reprimir las inquietudes que revolotean bajo esa obligación... Por eso hay que ser valiente, y cambiar de rumbo cuando uno ya no está satisfecho con lo que hace en ese momento.
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