Víctor iba por la calle, pensando en sus cosas, las típicas y normales, como... ¿qué voy a hacer con mi vida? ¿busco trabajo, busco un máster, aquí, allí, fuera de mi país directamente? Era una persona normal, que se sentía a la vez realizado y vacío... vamos lo que a todos nos pasa alguna vez.
De pronto algo llamó su atención, era... no sabría explicarlo con las palabras adecuadas, era... ¿un enganche? ¿una arandela? ¿un ente fantástico hecho de metal? no sé, era algo en el suelo, algo que permitía atarle una cuerda y tirar.
Sacó una cuerda (¿quién no lleva una cuerda en el bolsillo?) la puso en el artefacto metálico y tiró... (porque sí, porque le apetecía hacer el panolis en la calle) tiró y tiró y tiró y nada pasó... hasta que se le ocurrió, que en vez de tirar... debía empujar. Y empujó (total que la cuerda no le sirvió para nada).
Se abrió una trampilla, ahí en mitad de la calle, y nuestro protagonista, metió la nariz para ver qué se cocía en el subsuelo a parte de un olor nauseabundo. Había unas escaleras, de esas que cuelgan y (¿por qué no?) empezó a descender por ellas, poco a poco y sin prisas, no quería meterse la hostia del siglo. Bajó y bajó y bajó, y por fin, tras horas descendiendo (menos mal que su iPod tenía batería suficiente) llegó al final del trayecto escaleril.
Sin aliento, miró a su alrededor, y se dio cuenta de algo esencial... ¡había luz! ¿cómo es que en ningún momento había estado totalmente a oscuras? ¿de dónde venía esa luz? ¿en qué momento el olor horrible de alcantarilla había dado paso a un olor a rosas y flores silvestres? ¿hacia dónde le estaba conduciendo ese conducto? ¿por qué de pronto solo pensaba en signos de interrogación?
De pronto algo llamó su atención, era... no sabría explicarlo con las palabras adecuadas, era... ¿un enganche? ¿una arandela? ¿un ente fantástico hecho de metal? no sé, era algo en el suelo, algo que permitía atarle una cuerda y tirar.
Sacó una cuerda (¿quién no lleva una cuerda en el bolsillo?) la puso en el artefacto metálico y tiró... (porque sí, porque le apetecía hacer el panolis en la calle) tiró y tiró y tiró y nada pasó... hasta que se le ocurrió, que en vez de tirar... debía empujar. Y empujó (total que la cuerda no le sirvió para nada).
Se abrió una trampilla, ahí en mitad de la calle, y nuestro protagonista, metió la nariz para ver qué se cocía en el subsuelo a parte de un olor nauseabundo. Había unas escaleras, de esas que cuelgan y (¿por qué no?) empezó a descender por ellas, poco a poco y sin prisas, no quería meterse la hostia del siglo. Bajó y bajó y bajó, y por fin, tras horas descendiendo (menos mal que su iPod tenía batería suficiente) llegó al final del trayecto escaleril.
Sin aliento, miró a su alrededor, y se dio cuenta de algo esencial... ¡había luz! ¿cómo es que en ningún momento había estado totalmente a oscuras? ¿de dónde venía esa luz? ¿en qué momento el olor horrible de alcantarilla había dado paso a un olor a rosas y flores silvestres? ¿hacia dónde le estaba conduciendo ese conducto? ¿por qué de pronto solo pensaba en signos de interrogación?
jajjajaajjajajajaj!!!!!Y esto??? Me apunto a la segunda parte, pero de cabezaaa!!! ;)
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