Llevaba mucho tiempo preparándose, muchísimo tiempo,en la soledad de su habitación, en sus noches de insomnio no pensaba en otra cosa... ¡¡¡Maldita bomba musculosa y sangrante que nos hace ser tan estúpidamente... humanos???
Tenía el discurso escrito y más que memorizado, el papel en el que lo había plasmado (varias semanas atrás) estaba ya desgastado y grasiento de tantas veces que lo había manoseado, nerviosa, esperando sacar fuerzas para enfrentarse a sus demonios internos.
Las palabras estaban claras, el momento elegido, ¿cuál mejor que este? Llevaba demasiado retrasándolo... ¿Y si es demasiado tarde? Pero... ¡NO! no puedo pensar así. Sabía lo que quería decir, lo había ensayado infinidad de veces, la gente del vecindario ya la miraba como a una loca por ir recitando el guión por la calle.
¿Tenía que hacerlo? ¡Sí! Si no no habrá manera de descansar.
Uno, dos, uno, dos, uno, dos. Marcaba el paso para no tropezarse con sus propios pies. Era fácil, sólo tenía que llegar a la cafetería, era terreno conocido, no había porqué estar nerviosa. Uno, dos, uno, dos, dos... ¡Auch!
Estaba llegando, por fin, en 10 minutos ella podría quedarse a gusto, diría lo que tenía que decir y él... él primero escuchará y luego... pues dirá algo, ¿¿no??
Se encontró con él en la mesa de siempre, junto a la ventana.
- ¡Hola!- Sonrió él...
¡¡¡¡¡Mierda!!!!! ¡¡¡¡No había previsto que dijera hola!!!! ¿Y ahora qué?
Tenía el discurso escrito y más que memorizado, el papel en el que lo había plasmado (varias semanas atrás) estaba ya desgastado y grasiento de tantas veces que lo había manoseado, nerviosa, esperando sacar fuerzas para enfrentarse a sus demonios internos.
Las palabras estaban claras, el momento elegido, ¿cuál mejor que este? Llevaba demasiado retrasándolo... ¿Y si es demasiado tarde? Pero... ¡NO! no puedo pensar así. Sabía lo que quería decir, lo había ensayado infinidad de veces, la gente del vecindario ya la miraba como a una loca por ir recitando el guión por la calle.
¿Tenía que hacerlo? ¡Sí! Si no no habrá manera de descansar.
Uno, dos, uno, dos, uno, dos. Marcaba el paso para no tropezarse con sus propios pies. Era fácil, sólo tenía que llegar a la cafetería, era terreno conocido, no había porqué estar nerviosa. Uno, dos, uno, dos, dos... ¡Auch!
Estaba llegando, por fin, en 10 minutos ella podría quedarse a gusto, diría lo que tenía que decir y él... él primero escuchará y luego... pues dirá algo, ¿¿no??
Se encontró con él en la mesa de siempre, junto a la ventana.
- ¡Hola!- Sonrió él...
¡¡¡¡¡Mierda!!!!! ¡¡¡¡No había previsto que dijera hola!!!! ¿Y ahora qué?
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